Con la novedad de que tuve el placer de encontrarme con dos lecturas de una autora que trata estos temas sobre la virtualidad y la educación... Aquí las reseñas, a lo mejor a uno más le interesa irse a las fuentes originales y buscar más de sus obras...
UNIVERSIDAD Y SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO
¿Qué conocimiento y quién lo distribuye?
Crovi Druetta, Delia (2006), “UNIVERSIDAD Y SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO. ¿Qué conocimiento y quién lo distribuye?” Educar en la era de las redes (pp. 153-179), Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM y Sitesa S.A. de C.V. México. 195 p. ISBN 970-32-4120-4 UNAM, ISBN: 970-629-188-1 Sitesa.
El propósito de la lectura es interesante: vincular las instituciones de educación superior con los medios de comunicación e Internet en el proceso de distribución social del conocimiento. Esto es, relacionar el papel que juegan las universidades como creadoras y difusoras del conocimiento, considerando que se trata de una emisora de conocimientos aprobados socialmente debido a su condición y calidad.
Para adentrar en la distribución social del conocimiento empieza por distinguir tres tipos de ciudadanos: el hombre común, el experto y el ciudadano bien informado, siendo el tipo ideal el tercero porque no tiene como meta contar con el conocimiento de los expertos, pero tampoco se conforma con la vaguedad de lo que reciben los ciudadanos comunes. Así, quienes están bien informados son los individuos que tienen opiniones razonablemente fundamentadas en campos que son de su interés.
Estos tres tipos de ciudadanos están relacionados con los tipos de información socialmente distribuida, siendo cuatro campos de significación:
1. El del mundo inmediato, que está al alcance de todos.
2. El que no está abierta a nuestro dominio pero que podemos deducir o valorar a través de herramientas.
3. El que no es significativo por el momento porque no está vinculado con nuestros intereses inmediatos.
4. El que no influye en lo absoluto en nuestros objetivos inmediatos, y que los medios masivos y en red exploran con fines económicos, promoviendo una movilidad dentro de la escala de significaciones.
La autora sugiere –y muestra tener claro- que la universidad también debería seguir los pasos de los medios masivos y en red, pero con otra intención, para que la difusión de los conocimientos que descubre (fruto de la investigación propia de la universidad) provocara esa movilidad sobre áreas específicas del conocimiento que no son del interés para el hombre común pero de las que debería estar informado. Esto implica, que ella misma, la universidad, se libere de su encierro académico para ser capaz de capitalizar temas de interés público y establecer sus propias agendas frente a la sociedad por encima de los intereses económicos del sector productivo y mediático (respaldándose en su autonomía), así como de la creciente tendencia a la privatización de la enseñanza superior que no parecen facilitar esta función de las universidades.
Esto es: así como las corporaciones imponen sus intereses a través de los medios masivos y en red, la universidad también debe aprovechar estos mismos medios para fines públicos (no privados), como fuente de información alternativa de contrapeso a los mensajes hegemónicos, propiciando la formación de ciudadanos informados (y por consiguiente menos manipulables). Incluso aportando razones suficientes para no justificar la privatización de las universidades públicas. De lo contrario “sobrevivirá el riesgo de emitir discursos y mensajes al margen del interés colectivo.”
Así es como articula la misión de las universidades de enseñar e investigar conocimientos con la misión de difundirlos (para informar, entretener y educar) a la sociedad. Con esta claridad se cuestionan las tendencias actuales, donde las universidades dejan de lado este propósito esencial, para utilizar los medios con otros fines, que si bien, no deben abandonarse, tampoco deben reemplazar aquella función central. Por ejemplo, enfocarse solamente a difundir información de su quehacer administrativo.
La difusión del conocimiento desde la universidad, junto con sus vecinos comerciales en la red, la coloca en un doble juego: “por un lado se opaca su preeminencia en materia de distribución del saber, pero a la vez se le da un lugar destacado por ser instituciones que avalan el conocimiento…”. Ambos lados de la moneda las empuja a mejorar la calidad, la precisión el dato corroborado y el resultado de la investigación teórica y empírica.
Mi observación al respecto es que la pugna de las universidades en la red, ya no es hacia el discurso comercial de los corporativos, sino que entre ellas mismas (entre las mismas universidades), en su afán de ganar clientes… que diga, estudiantes, al menos oficialmente, no están cuestionando la mercantilización, sino que juegan ese juego mercantilizando también la educación; de ahí su afán de hacer el conocimiento, su conocimiento, y en ese sentido, prefieren- entre otros factores- no publicar los resultados (preocupados por los derechos de autor)… Por eso la tesis principal de esta lectura es de suma importancia. Pero aquí lo que me interesa destacar es esta premisa de las universidades de privatizarse ellas y por ende los conocimientos que construyen (en el mejor de los casos), alejándose, o mejor dicho, abandonando su compromiso y responsabilidad para con la sociedad. Algo que también afirma esta autora: “las acciones de algunas universidades empresas o universidades corporativas que buscan privatizar el conocimiento, impidiendo su circulación libre, o transformándolo en significatividades impuestas, en agendas que no están en el círculo inmediato de nuestras necesidades”…
Ahora bien, aunque internet dista mucho de convertirse en un medio al alcance de todos, no se debería subestimar la posibilidad tecnológica de emitir mensajes de manera sencilla y constante hacia públicos que pueden llegar a ser masivos y heterogéneos al margen y en paralelo a las grandes corporaciones mediáticas, ya que la red abre la posibilidad de hacer visibles a aquellos emisores “emergentes” que estaban ocultos y que a través de la red tienen oportunidad de salir a la luz. La emergencia de estos nuevos emisores, que se antojan incontrolables, nos debe hacer pensar sobre el tipo de organización que necesita tener la comunicación universitaria del siglo XXI (proponiéndose así algo más que cursos a distancia…).
Por eso hay que tener claro dos corrientes contrarias que se están generando en la red (como reflejo de lo que ocurre en la sociedad actualmente). Por un lado, aquella corriente que se orienta y trata de rescatar la dimensión comunitaria y colectiva, estableciendo una dinámica de participación entre miembros activos que intercambian experiencias y saberes; y la otra, individualista, que ve a este tipo de organización ligada a procesos fragmentados y aislados por los medios técnicos, mediantes los cuales se privatiza lo social y lo colectivo…
Hacia la educación virtual
Crovi Druetta, Delia (2006), “Hacia la educación virtual. Certezas y contradicciones” Educar en la era de las redes (pp. 127-151), Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM y Sitesa S.A. de C.V. México. 195 p. ISBN 970-32-4120-4 UNAM, ISBN: 970-629-188-1 Sitesa.
El propósito de esta lectura, como lo dice la autora, es definir la virtualidad para analizarla en un contexto social más amplio: la convergencia de las últimas tecnologías en el comportamiento de la sociedad actual.
Las virtualidades son un nudo de fuerzas en un ente, que reclaman su determinación actual (v. y cfr. Levy, 1999), o que reclaman su efecto en lo presente, puesto que sólo se producen en lo ausente. ¿Qué quiere decir esto? Que lo virtual es una representación de lo ausente a través de símbolos, de modo que no se niega la existencia de estos símbolos o representaciones, sino que al no estar presente lo que se representa, el efecto que esto produce en el ente exige su presencia... “Lo virtual no se opone a lo real sino a lo actual” (lo actual es lo presente, ausente en la virtualidad).
En este sentido, lo virtual es producto de la simulación porque se reemplaza el objeto o su concepto por otras representaciones; no obstante, existen diferencias entre aquéllas porque la simulación implica una inmersión que produce una sensación física, involucrando todos los sentidos. Lo virtual entendido como simulación ha dado lugar al desarrollo de tecnologías “infovirtuales” que no sólo enfatizan la sensación de presencia-ausencia, sino que hacen que los usuarios realicen auténticas inmersiones en ambientes virtuales prefigurados (como es el caso de algunos videojuegos). (Sólo añadiría que la simulación con la voz sincrónica del ausente, su escritura digital instantánea, etc., son también “herramientas” que producen un efecto de inmersión en las relaciones sociales a distancia, mediante el uso de la computadora…)
Sin embargo, la simulación es una tendencia que se antoja más en el futuro, cuando se alcance una mayor cobertura de las tecnologías infovirtuales… El tema, por ahora, es la reflexión sobre lo virtual desde la introducción de Internet, como la génesis del proceso de virtualización en la sociedad actual: “Estamos hablando de un cambio fundamental en el modo de comunicarse entre los individuos y de nuevas prácticas sociales que modifican y fomentan las relaciones multiculturales” […] “se trata de un entorno que va mucho más allá de las posibilidades creadas por la tecnología”.
Vattimo es un optimista crítico de la red, pues halla esperanzas de emancipación en la red, pues aún cuando las personas pertenecen a este mundo que se dice globalizado, también hay un extrañamiento que busca el regreso a lo local, a lo circundante. La red, en este sentido, es un espacio de expresión que posibilita la formación de redes sociales. “Es la capacidad que tienen ciertas subculturas o grupos aislados socialmente para tomar la palabra, para expresarse, aun cuando muchas veces esa expresión sea virtual, es decir, con una gran fuerza que no se opone a lo real pero si a lo actual, porque su efecto no se logra en presencia.”
Esto me recordó algo: al principio pensaba que esto-que-se-señala era una gran limitante de la virtualidad, sobre todo cuando es prácticamente imposible el encuentro físico de las personas por las razones que sean, pero lo cierto es que el espíritu (o el nudo de fuerzas…) que uno se va formando al relacionarse con otros en medios virtuales, puede efectuarse en las relaciones actuales. La comunicación a distancia nos ha acercado con aquellos que si tuviéramos enfrente, por su calidad de desconocidos, jamás nos acercaríamos. El medio tecnológico nos acercó a mundos extraños, transformando nuestras relaciones. Pero también nos exige ese acercamiento -sin Internet- con las personas que nos circundan; es decir, a ser verdaderamente seres comunicativos en presencia…
La virtualidad a través de Internet y la que se produce por medios tradicionales como la radio, el cine, la televisión, etc., se tocan si consideramos que estos medios también producen un efecto a partir de sus representaciones, aunque su existencia para los receptores sea aparente. La diferencia está en que por Internet cambia la concepción de tiempo y espacio. Lo virtual separa el aquí y el ahora. Las personas, la colectividad, la información actual… se virtualiza: no está aquí, se coloca fuera de ahí, se desterritorializa. Además, el mensaje de los medios tradicionales es unilateral, produciendo consecuencias virtuales, es decir, logrando que mucha gente reciba a la vez los mismos mensajes con el fin de generalizar las experiencias en las masas receptoras… ganando consumidores. El otro, en cambio, particulariza la experiencia, modificándola a la medida de su recepción o emisión de forma uni, bi o multidireccional.
Un elemento más para el análisis espacio-temporal es el desplazamiento o movimiento de las personas en términos actuales o no virtuales… para acceder a la virtualidad; esto es, cambiando los hábitos y el comportamiento de las personas (Ref. Gianfranco Bettetini y Fausto Colombo, 1995: 26).
1. El movimiento que obliga al usuario a dirigirse a un lugar para poder utilizar Internet (desplazándose a universidades, cafés, librerías, etc.)
2. El que tiende a excluir la necesidad de cualquier otro desplazamiento (por ejemplo, quedarse establecido en una computadora).
3. El movimiento que valora el desplazamiento (ejemplo: las computadoras portátiles o los celulares).
Una de las virtudes amenazantes de la virtualidad tiene que ver con eludir lo actual, o dicho de otro modo, la misma necesidad de las personas de romper el aislamiento actual, la reemplazan con relaciones sociales virtuales que eluden el hecho: el aislamiento, la falta de comunicación actual… llegando incluso a evitar la cercanía con los demás. “Tenemos así a un ser humano que actúa cada vez más unido a un enorme cordón umbilical sin hilos que lo conecta al ciberespacio. Adquiere tecnología para estar on line, para emerger, para dejarse ver y buscar; pero al mismo tiempo emplea las capacidades de esas mismas tecnologías para sumergirse, hacerse invisible, evitando la interacción hombre-hombre o reemplazándola por la interacción hombre-máquina.”
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